Cózar - Historia Siglo XX
Historia de Cózar - Siglo XX

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Sueños, pesadillas y despertar

Antes de comenzar con la cronología, como en el resto de capítulos, hacemos un breve esbozo sobre determinados aspectos históricos de interés para Cózar y toda La Mancha. Puesto que ya llegamos a la época actual sobre la cual cualquier persona tiene fácil acceso a enormes cantidades de información sobre nuestra historia reciente, en esta ocasión nos limitamos a exponer algunas notas sobre temas de la primera mitad del siglo XX, añadiendo también información sobre el regionalismo manchego y el proceso de constitución de la actual comunidad autónoma en la que se encuentra Cózar: Castilla - La Mancha. Aun así, nos ha salido el capítulo más largo y denso de nuestra historia de Cózar. La cronología abarca, de todas formas, hasta 2005.

El cunerismo y el caciquismo, mal endémico.

El caciquismo siguió siendo durante las primeras décadas del siglo XX la forma de "gobierno" en toda La Mancha.

La Mancha, y Ciudad Real y Albacete en particular, continúa siendo el paraíso del cunerismo (diputados a cortes elegidos por distritos que ni conocían). En 1933 escribía un periódico de Albacete: "Por lo visto se han pensado que la provincia de Albacete es un señorío gubernativo adonde se puede mandar para la representación en Cortes de personas que nada se les ha pedido allí". El fenómeno siguió hasta 1977 y 1979 cuando algunos partidos presentaron candidatos cuneros por la provincia de Ciudad Real.

El gobierno de Madrid solía pagar a periodistas adictos consiguiéndoles actas de diputados por estos distritos dóciles. Naturalmente estos diputados no tenían ninguna vinculación a los distritos a los que representaban, votando muchas veces en contra de los intereses de los mismos. La provincia de Ciudad Real tuvo cuneros importantes como Canalejas en 1905; Romanones, por Daimiel, en 1907; Rafael Gasset, por Ciudad Real, y Melquiades Álvarez, por Alcázar, en 1910 o Santiago Alba, por Almadén, en 1916.

Tras el fin de la Gran Guerra, la monarquía empezó a notar la necesidad de abandonar el pesado lastre de los partidos de la Restauración, en rápida descomposición, y de abrir cierto proceso democratizador al que incorporar a las nuevas fuerzas sociales y políticas que habían crecido al margen del sistema de turnos y caciques.

Sin embargo, Alfonso XIII, en lugar de afrontar un cambio de estructuras, opta por unas reformas de maquillaje, que simplemente desembocan en la proclamación de una dictadura militar, que se apoyó ampliamente en los sectores caciquiles y oligárquicos para detener en 10 años más cualquier intento de modernización y democratización de España, y con ella La Mancha.

La II República. El Sueño Eterno.

En 1930 se produce la dimisión del gobierno de Primo de Rivera, que es sustituido por Dámaso Berenguer con el ánimo de retomar la normalidad monárquica y el sistema de turnos. Berenguer es sustituido por el almirante Aznar en la jefatura del gobierno que convoca elecciones municipales. El resultado de las elecciones depararía la victoria sin paliativos de las fuerzas progresistas. El rey huye de España y se proclama la II República.

Sin embargo, ni siquiera en este momento La Mancha se sumó a la fiesta de libertad. El férreo control que los caciques y los dinásticos ejercían sobre el corrupto sistema electoral hizo que aun en las elecciones 1931, que fueron por acuerdo tácito de todos, un plebiscito entre monarquía y república, los monárquicos obtuvieran victorias en todas las provincias manchegas. Los resultados llegaron a ser "ridículamente" aplastantes en Cuenca.

Como dato clarificador, en el 35% de los pueblos manchegos solo había un candidato por puesto, con lo que se designaban automáticamente sin elecciones. Los dinásticos (conservadores o liberales) consiguieron un total de 2.672 concejales en las actuales cinco provincias, frente a 138 de la oposición de izquierdas. Podemos decir, sin ningún pudor, que en 1931 La Mancha no era una región, era un Cacicato.

El Campo de Montiel era "patrimonio" de los conservadores que, lógicamente obtuvieron todas las alcaldías de la Comarca.

La izquierda obtuvo sus únicas victorias en las grandes ciudades, donde el control de los caciques era mucho más difícil, al no estar sometida la población a sus decisiones sobre precios de jornales y productos de primera necesidad. En las ciudades había unas fuertes clases obreras, de artesanos y profesionales con ingresos que no dependían de las decisiones de los caciques o terratenientes. Los partidos de izquierdas vencieron con claridad en las ciudades de Albacete, Ciudad Real y Toledo.

El triunfo del republicanismo en las capitales de provincia y ciudades importantes de toda España desencadenó un proceso complejo de deserciones entre la derecha, movilizaciones en la izquierda y negociaciones entre todos los sectores que posibilitó a los republicanos conquistar pacíficamente el poder el 14 de abril de 1931.

Este día por la tarde, siguiendo al Comité Revolucionario de Madrid, se organizaron manifestaciones en las capitales manchegas y en múltiples ciudades y pueblos, concentrándose las multitudes ante los Ayuntamientos desde cuyos balcones se proclamó la República. Una vez más La Mancha no tuvo fiesta completa: la guarnición militar de Ciudad Real prohibió la manifestación en la capital manchega con amenaza de represión armada.

El nuevo Gobierno provisional anuló inmediatamente las elecciones del 40% de los pueblos de La Mancha. Se volvieron a celebrar elecciones el 31 de Mayo que se saldaron con la victoria incontestable de los republicanos (1223 concejales), la entrada importante en los ayuntamientos de los socialistas (359 concejales) y con la casi desaparición de los monárquicos (10 concejales). En total 250 ayuntamientos cambiaron de manos monárquicas a republicanas. En Junio de 1931 el poder en todas las capitales y Diputaciones, así como de los principales ayuntamientos estaba en manos, por primera vez en la historia, de fuerzas progresistas o moderadas.

La fuerte conciencia política y la crisis y ruptura del régimen anterior provocaron la aparición de un fuerte pluralismo político y además muy polarizado, con la aparición de organizaciones extremistas de diversa índole. De todas ellas, solo el Partido Radical, el Partido Socialista Obrero Español y el partido de derechas de nombre cambiante AN/AP/CEDA tuvieron una implantación grande en todas las provincias durante los años de libertad política. Las antiguas opciones monárquicas se diluyeron, y sus fieles servidores, los caciques, siempre dispuestos a servir a cualquier poder, se convirtieron en su mayoría en republicanos moderados. Los herederos políticos de los monárquicos se agruparon en torno a Acción Nacional, luego Acción Popular, y luego Confederación Española de Derechas Autónomas.

Los grupos conservadores tuvieron una fuerte implantación en La Mancha, apoyados por los grandes y medianos propietarios y por la estructura todavía intacta de los caciques y la iglesia católica. Como en el resto de Europa, estos partidos iban convirtiéndose a marchas forzadas en grupos de carácter agrario y con fuertes coqueteos con los fascismos italiano y alemán; por el contrario los grupos que abiertamente se declaraban fascistas no eran en La Mancha más que un grupo testimonial.

Sin embargo, el grupo de mayor crecimiento y de mayor implantación en nuestra tierra durante los años de libertad, fue sin duda el Partido Socialista Obrero Español. Tenía sociedades y afiliados repartidos por todas las localidades de nuestra geografía, especialmente, como siempre, en Albacete, Ciudad Real y Toledo. Los comunistas y anarquistas tuvieron mucha menos importancia en la región, aunque la implantación del Partido Comunista de España también fue importante en Albacete y Ciudad Real.

Las reformas estructurales iniciadas por el primer gobierno progresista tras su victoria en las elecciones generales de 1931 se vieron detenidas por la victoria de las fuerzas conservadoras en 1933, que supieron utilizar a la Iglesia Católica como martillo aleccionador y elemento político propagandístico con el que atenazar las mentes de una población que seguía siendo en más de un 80% analfabeta. Cuando esto también falló, y la nueva victoria progresista de 1936 parecía que abría finalmente la senda de la democracia, la libertad y el progreso para nuestro país y para nuestra región, el ejército, apoyado por las fuerzas conservadoras de toda índole y la iglesia católica decidieron, con la ayuda de la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler, que España, y con ella La Mancha, no merecían esa libertad.

Fueron pues, cinco años convulsos, con grandes sueños, anhelos, problemas, pasos adelante, pasos atrás, pero fueron los únicos cinco años que nuestro pueblo disfrutó de algo parecido a la libertad desde el trienio de Riego. Cinco años que dieron paso a cuarenta de ignominia, represión y negación de la dignidad del ser humano, y muchas veces, de su propia vida.

La Guerra Civil en la Región

La sublevación militar, iniciada en el Protectorado de Marruecos el 17 de julio bajo las órdenes del general Franco, fue seguida en diversos puntos de la península, mientras el resto del Ejército y la Guardia civil permanecieron leales al Gobierno.

La rebelión encontró fuerte eco en Toledo y en la provincia de Albacete, aunque en ésta última fue rápidamente sofocada.

En Toledo y Albacete los gobernadores civiles confiaron en el compromiso de lealtad al Gobierno manifestado por los jefes militares y de la Guardia Civil de ambas provincias. Este compromiso traicionado, unido al miedo que mostraron dichos gobernadores a la hora de entregar armas al pueblo permitió a los insurrectos conseguir victorias iniciales en estos puntos de nuestra región.

Por el contrario, en Ciudad Real y Cuenca, la acción decidida de los gobernadores detuvo la insurrección de manera inmediata.

En Toledo, la rebelión estuvo protagonizada por el coronel Moscardó quien, con el apoyo de la Guardia Civil, declaró el estado de guerra el día 21. Sin embargo, la superioridad de las fuerzas leales le obligaron a retirarse al alcázar con 1900 personas entre militares, civiles y rehenes hasta el final de la guerra.

En Albacete se sublevó el 19 de Julio el teniente coronel Martínez Moreno con el apoyo de la Guardia civil, extendiendo su acción a los pueblos de La Roda, Villarrobledo, Yeste y Hellín. El día 25 tropas leales a la República venidas de Valencia, Alicante y Murcia liberaron estos pueblos y retomaron el control de la capital hasta casi el final de la guerra. Ciudad Real cambió su nombre durante la guerra para pasar a llamarse Ciudad Libre.

El inicio de la guerra desencadenó en casi todo el país una violencia incontrolada. En la zona leal a la República se concentró sobre personas manifiestamente reaccionarias y anti-republicanas implicadas en la rebelión, así como contra destacados militantes derechistas, caciques, latifundistas, clero y órdenes militares; y en la zona que cayó en manos de los golpistas, sobre políticos de izquierda o simplemente republicanos, sindicalistas, líderes obreros, intelectuales e incluso sobre militares y guardia civiles que no quisieron traicionar la Constitución.

La violencia callejera disminuyó drásticamente en la zona leal al lograr encauzarla el Gobierno a través de la instauración de los Tribunales Populares. Hay que recordar que durante unos meses no hubo autoridad policial ninguna en La Mancha, ya que la Guardia Civil, claramente identificada con los rebeldes fue suspendida en muchas localidades de sus funciones. Mientras tanto, en la zona "nacional" la violencia brutal y revanchista contra las personas ya no cesaría en toda la guerra y se prolongaría durante otros 35 años más tras su finalización. La revancha de las fuerzas antidemocráticas en las zonas más leales a la República, Extremadura, La Mancha, Euskadi, Catalunya y Valencia, sería terrible, causando al menos cientos de miles de muertos, y cientos miles más de encarcelados y exiliados.

El número de muertes violentas (incontroladas o reguladas) registradas en la región durante la guerra es de unas 8.000 entre ambos bandos (sin contar caídos en combate, desde luego). Teniendo en cuenta que no hay registros fiables de la represión franquista desde la caída de las capitales manchegas, el número real será con toda seguridad terriblemente mayor.

Durante la guerra se produjo un atisbo de revolución en la zona republicana que supuso un importante cambio en las organizaciones políticas y sindicales. Decayeron los partidos republicanos; desaparecieron, desde luego, las organizaciones de derechas e incluso el PSOE vio como anarquistas y comunistas crecían, especialmente estos últimos, como resultado de su mayor capacidad organizativa y de combate. El sindicato UGT, claramente mayoritario al principio de la guerra vio como el crecimiento de la CNT durante la contienda fue espectacular.

Una de las razones de la derrota de las fuerzas democráticas fueron los continuos enfrentamientos y desacuerdos entre socialistas, comunistas, anarquistas, UGT y CNT sobre la necesidad de qué aspecto encarar primero: si ganar la guerra para realizar la revolución, o realizar la revolución para ganar la guerra. Finalmente ambas se perdieron, y aun así un ejército constituido por milicianos y un puñado de oficiales, resistieron tres largos años a un ejército regular apoyado sin tapujos por la máxima potencia militar de la época.

El poder civil, diputaciones, gobiernos civiles y consejos municipales, en nuestra región, estuvo en manos de los socialistas hasta la caída de las provincias en manos de los golpistas.

La conciencia Regional Manchega

El regionalismo manchego, como movimiento político nació y creció en dos puntos, por un lado en la provincia de Albacete, y de manera más importante en el seno de los manchegos afincados en Madrid. Así, desde el Centro Regional Manchego, fundado en Madrid en 1906, se llevó a cabo una labor de propaganda y de captación de hombres que actuasen como fermento de esa política de definición regional y de solidaridad entre todos los manchegos: los que vivían en la región y los de la diáspora.

En aquel incipiente regionalismo, obraron también los condicionantes económicos y, de forma más atenuada, los culturales. Respondía a los primeros el proyecto de crear en 1914 una mancomunidad manchega, diferenciada de la castellana y tomando también como modelo las iniciativas catalanas. Se hablaba incluso de "formar una región político administrativa con carácter propio".

Todavía en los años de la II República se alzaron voces que reclamaban la creación de una Generalidad Manchega, e insistiendo en que se votase en las Cortes un "Estatuto manchego". Quedaría todo en esfuerzos sin respuesta, en actos de afirmación regional, en algún himno "de la Mancha" y en retomar el proyecto de bandera que había nacido a principios de siglo. Todo ello abortado finalmente en 1936 con el golpe de estado que derriba el régimen legítimo de la II República.

Latía en todo ello además no sólo la conciencia de superar una marginación que animaba todas las reivindicaciones regionales manchegas sino la conciencia y el deseo de diferenciación que muchos manchegos hacia lo castellano.

Constitución de la actual comunidad autónoma

El mismo año en que se aprobaba el texto constitucional, un Decreto-Ley publicado el 15 de noviembre de 1978 creaba el ente preautonómico de Castilla-La Mancha, que presidiría el diputado de Unión de Centro Democrático Antonio Fernández Galiano.

La andadura autonómica se consolidaría durante el año 1980, especialmente cuando siguiendo lo establecido por el artículo 143 de la Constitución, 715 municipios, de los 915 que integraban la región, se definieron por la opción autonómica, frente a 25 que la rechazaron y un importante número de ellos que no se pronunciaron o cuyas respuestas llegaron fuera del plazo marcado.

Con ello comenzó realmente la etapa de redacción del borrador del Estatuto de Autonomía, cuyo texto ratificado por el Congreso y el Senado los días 17 y 26 de julio respectivamente, sería publicado como Ley Orgánica en el Boletín Oficial del Estado el siguiente 16 de agosto de 1982.

En su artículo primero se establecía que "las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca. Guadalajara y Toledo se constituyen en Comunidad Autónoma bajo el nombre de Castilla-La Mancha para acceder a su autogobierno, de conformidad con la Constitución española y con el presente Estatuto que es su norma institucional básica". La denominación oficial de la comunidad se hizo a imagen y semejanza de algunos departamentos franceses y varios estados federales alemanes que albergan diferentes sensibilidades y sentimientos de pertenencia, tanto de origen histórico como cultural, de forma que el nombre de la comunidad es compuesto entre las entidades de Castilla y de La Mancha, separadas mediante un guión, como por ejemplo en Alemania existen Baden-Würtemberg, Renania-Palatinado o Renania del Norte-Westfalia.

En el artículo quinto se definía la bandera representativa de la Comunidad, "un rectángulo dividido verticalmente en dos cuadrados iguales: el primero de color carmesí, con un castillo mazonado de sable y aclarado de azur, el segundo en blanco". Ambos cuadros representan a las dos entidades que integran la comunidad autónoma, respectivamente la castellana y la manchega. Los artículos 9 al 12 se referían a las Cortes regionales, compuestas por "un mínimo de 40 diputados y un máximo de 50".

Tras la presidencia de Gonzalo Payo, también de UCD como lo era Antonio Fernández Galiano, dimitido en febrero de 1982, un gobierno provisional de mayoría socialista, tras las elecciones generales de octubre de ese mismo año presidido por Jesús Fuentes convocó las primeras elecciones para las Cortes castellano-manchegas, se celebraron el 8 de mayo de 1983, simultáneamente con las municipales, y con un alto índice de participación (74 por 100). El partido más votado fue el PSOE, que consiguió 23 escaños, seguido por Alianza Popular con 21. Desde tal fecha ocupó la presidencia de la Junta de Comunidades José Bono. El siguiente 31 de mayo se celebraría la sesión constituyente de las primeras Cortes de la región. Tal fecha quedaría fijada como Día de la Región castellano-manchega.cuya celebración se desarrolla cada año en una de las provincias que la integran. La presidencia de José Bono duró hasta abril de 2004, cuando pasó a formar parte del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y así tomó el relevo el actual presidente José María Barreda.

Cronología

Durante el siglo XX la historia de nuestra tierra sigue inmersa dentro de dramáticos acontecimientos de carácter nacional y supranacional. La cronología sigue siendo más de España que de nuestro pueblo, pero mantenemos la línea del tiempo donde situar todos los datos que tenemos tanto de Cózar como de La Mancha durante este siglo.

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